viernes, 10 de marzo de 2017

depresión de un viernes por la noche

09:04 pm. Me miro al espejo, sigo con el libro que estoy leyendo, interesante historia.
09:07 pm. Me distraigo, tengo hambre (¿hambre?) y como algo, sigo con el libro.
09:20 pm. Las posibles notificaciones en mi teléfono celular me atormentan aunque no me haya llegado ninguna, y me carcome la necesidad (¿necesidad?) de ver mis vistos en la foto que subí a la red social anteriormente.
09:21 pm. Mando un mensaje para hacer algo esta noche.
09:22 pm. Mi libro se sigue tornando más interesante, estoy un rato largo leyendolo y consigo terminarlo. un final inesperado, sorprendente.
09:55 pm. Poco me dura la satisfacción, busco algo más para hacer.
10:01 pm. Encuentro otro libro que tengo que terminar. De camino a mi habitación me vuelvo a mirar al espejo. Me dan ganas de llorar.
10:02 pm. Empiezo con el libro, es en inglés, necesito leerlo para practicar.
10:20 pm. Diez páginas. Me aburrí. DEBO leerlo, pero no puedo.
10:22 pm. Abro mi computadora, empiezo una serie nueva.

10 minutos y me aburro. La ansiedad me carcome, ya me tome un té e ingerí mil calorías vacías en alimentos que ni siquiera tenía ganas de consumir.

A pesar de intentar distraerme veinte veces, rompo en llanto después de intentar evitarlo. Pero no puedo disipar la realidad, del cuerpo que habito, y los pensamientos me siguen carcomiendo.

 Aunque a veces sea más fácil perderse en el alcohol, o la comida, o las películas, o los libros o todas las mierdas que se puedan consumir y sean capaces de distraerme que se me crucen por en frente, no es tan fácil evadir la realidad como parece, porque, al fin y al cabo, es lo que nos queda.

 A pesar de los amigos, de las actividades cotidianas, de mi familia, es, al final del día, mi alma y yo, y ahí se complica. No se para que lado tirar: a veces, el sol brilla para mí; y otras tantas, lágrimas de depresión. Pero siempre se sigue tirando. Para atrás o para adelante.

Ahora ya no se ni para dónde estoy tirando, ni siquiera me muevo de mi lugar, toda la orientación y la motivación se fundieron en una noche de derrota y ansiedad, que pudieron con mis ganas de seguir.
A veces, también, está la posibilidad de tirar para abajo, de tirar para los demás. Ahora ya no se ni para donde tiro ni por qué.

Será posible... estar tirando como en círculos, para ningún lado?

martes, 7 de marzo de 2017

...

Sentada en la tina. El agua caliente, muy caliente, golpeaba suavemente mis hombros y salpicaba a mi cabello castaño amarrado en un ridículo rodete, cuyo propósito era no mojar mi pelo, por supuesto incumplido ni bien entre a ducharme.

El jabón de frutilla exhalaba un olor riquísimo, lo podía sentir en el aire, viciado de vapor. Estaba muy concentrada mirando mis manos, quien sabe por qué. Veía la sangre correr por las venas de mis muñecas, llenas de cicatrices y marcas pasadas, yendo y viniendo. Incluso llegaba a escuchar el latir de mi corazón, en un lugar remoto de mi mente.

Desvié mi vista hacia mis piernas, imperfectas, tan imperfectas, objeto de tanto odio propio durante años, y es que realmente se lo merecían, tan fofas, llenas de celulitis, daban asco, y ni siquiera cuadraban con mi cuerpo.

Había pensado tantas veces lo mismo, ya eran demasiadas. Pero ninguna autolesion, ni vicio, ni ninguna herida solucionaría realmente lo que me pasaba, una hora de satisfacción por haber hecho algo incorrecto no alcanzaba para solucionar los problemas que se negaban a abandonar mis pensamientos.

Porque, resultó ser que soy un todo, y no puedo arreglar una parte si se que lo demás es un lío, porque herirme no resolvería nada, porque la única forma era desanudar de a poco, todo eso que estaba pasándome. Obviamente, era un desafío, pero no quedaba otra opción.

Me desentendí de mis pensamientos y salí de la ducha, satisfecha de lo que era alguna especie de conclusión u objetivo por cumplir.

Quién diría que el baño sería tan buen lugar para pensar....