lunes, 20 de febrero de 2017

Camina sigilosamente

Camina sigilosamente,
alejándose,
como si yo no notara,
tristemente,
la ausencia de su piel.

Camina sigilosamente,
pero deja huellas en mi alma
que quien sabe cómo y cuándo,
algún día serán borradas.

Camina sigilosamente,
en su fingida madurez,
para encontrar algo más en que pensar,
o tal vez en nada, mas no sería la primera vez.

Por las calles mas oscuras,
haciéndose en su propia sombra agrietada,
camina sigilosamente
en otra alma más lastimada.

No tengo motivos para reprochar,
los pasos sigilosos que alguna vez diste,
mas darte las gracias,
de fortalecerme la razón,
aunque mi alma empequeñeciste.

sábado, 18 de febrero de 2017

18/02/2017

Que hueco y superficial es el elegir o no una persona solo por como se ve. Cosa que pasa prácticamente todos los días, y nadie elige notarlas.

No estoy segura de qué escribir, pero mi objetivo es expresar mi descontento frente a las superficialidades y a los estereotipos armados de la sociedad en los que, lamentable e inevitablemente, me veo encerrada en cuerpo y mente.

Si bien con el progreso de los años, la gente no es (tan) cerrada respecto de "el cuerpo ideal", "la mujer ideal", y todas las mierdas que queden bien con la palabra ideal al lado, y sea fácil de clasificar y criticar, sigue habiendo tonelada de prejuicios.

Me veo encerrada en esto porque, cuando me descuido, me descubro en un pensamiento al pasar, tan  superficial y hueco, que me hace pensar en que momento histórico y cultural entra el haber decidido que una persona flaca va a ser mas linda, que la gente blanca lo es más que la de color, ¿quién le dio parámetros tan estúpidos a la sociedad?

Obviamente, y como dije dos párrafos antes, estan los progresos, por suerte, las mentes abiertas, y explicaciones "científicas" del por qué de algunos estereotipos. Pero siguen siendo tomados, consciente e inconscientemente como lo primero al ver a una persona y, casi sin darse cuenta, juzgarla, cuando esto debería ser simplemente una opcion, una de tantas.


Lamentablemente, la gente sigue eligiendo por los ojos, guiándose por suposiciones que ni si quiera les permiten conocer a los demás,  pensando que lo más importante son las apariencias, sin  pararse a mirar si una persona es interesante, inteligente, o cualquiera sean sus virtudes intelectuales y emocionales, lo que realmente tiene valor.

Porque siempre el vivir crudos, huecos, carnales y sin ser conscientes del "sentir" es mas fácil, dejarse llevar por lo estético y lo físico siempre es menos complejo que conocer y apreciar (y sentir).

Y que desalentador es ver tanta gente con el corazón y la mente dormidos...








viernes, 10 de febrero de 2017

La rareza de quererme

No me quería, odiaba mis piernas, odiaba mi forma de ser, no me gustaba el ser tan metida, tan dennsa con algunas cosas, tan inconstante. Realmente no me gustaba, y la pasé mal. Me alejé de muchas personas, me sentía mal y parecía estar re bien por fuera, pero mi soberbia había aumentado. Era raro, era muy raro, mas alta el autoestima para fuera, más baja era para adentro...
Con el tiempo, fui entendiendo que hay cosas que son menos importantes, y me dejó de preocupar tanto lo que piensen los demás, empecé a hacer cosas que me gustaban más, escribí lo que sentía, y me sentí mejor...

Yo pensé que eso era todo, total estaba bien así, pero, de vez en cuando, la vida te regala experiencias inesperadas. Bueno, esta fue una de esas que te remueven mil veces, que agarran tu alma y tu mente, la parten en pedacitos y te las rearman, que básicamente te cambian la cabeza.

Había muchos jóvenes, pero el mayor encuentro era con uno mismo.  

Había miles de momentos reflexivos. Repensé mil cosas, saqué muchas conclusiones, y me di cuenta de lo estúpido que es preocuparse tanto por lo superficial y lo exterior, teniendo tanto para dar y recibir emocionalmente, habiendo tantas cosas importantes por las cuales preocuparse.

Alguno de aquellos momentos me permitió llegar a la conclusión, de que, aún con mis defectos, yo era magia, magia de haber sido, y de ser; de hacer; de sentir; y pensar. O más bien, tener la posibilidad de serlo, todo el tiempo, simplemente tomando las oportunidades y posibilidades correctas para hacerme bien y hacerle bien al resto de las personas. 

Y caer en eso, fue maravilloso, y extraño a la vez. Imagínense el momento en donde se dan cuenta que ustedes mismos, así como todas las personas, tienen la posibilidad de ser magia. 

A raíz de eso, y de otras muchas cosas, me di cuenta que no tengo razones para estar triste, o mal, que no tengo que desperdiciar otro día, y me propuse ser quien soy, demostrarlo, ser y hacer felices también a otras personas, porque no hay mejor forma de sentir alegría en el alma que compartiéndola. 



Resultado de imagen para cHICA CON BRAZOS EXTENDIDOS



-Chica de Brillitos Dorados

domingo, 22 de enero de 2017

Arreglá la casita

Cuando era chiquita, muy chiquita, me regalaron una casita de yeso, bastante pequeña, con pocos detalles y con espacios vacíos. Casi no puedo recordar cuando fue, pero mi madre siempre me decía que era muy importante y que siempre tenía que cuidarla, claro.
Le fui pintando y agregando pequeñas decoraciones y adornos. Había algunos muy importantes, grandes y hermosos, con muchos detalles, que nunca sacaba. Y otros pequeños, de esos que a veces ubicaba en lugares importantes, que luego dejaban de merecer ese espacio y simplemente dejaba atrás, o sacaba de la casita; también estaban los que quedaban atrás y casi me olvidaba de ellos todo el tiempo.
No solo fui agregando decoraciones a mi casita, sino que también les agregaba partecitas a éstas... y así lucieran más bellas.
Como yo crecía, la casita crecía conmigo: le agregué paredes y habitaciones enteras, ya que necesitaba más lugar para guardar, mover y remover los preciosos (y no tan preciosos) objetos y adornos que iba recolectando.
Todo iba muy bien, mi casita se iba armando paulatinamente, a veces surgían pequeñas brisas, que amenazaban con tirar abajo algunos adornos e incluso paredes, y a veces, lo lograban. Ahí entraba en juego mi mamá. que me ayudaba a acomodar las cosas y rearmar las paredes cuando era necesario, y todo volvía a ser como siempre.
Fueron pasando los años, yo seguía agregando adornos, objetos, y mi mamá me enseñó a hacer sobrevivir mi casita de las brisas, que a veces eran tormentas. y también a arreglarla yo sola.
La pequeña construcción había cambiado totalmente desde que era solo yeso blanco y se podía ver a simple vista que estaba bien decorada, aunque, yo nunca la encontré perfecta, siempre le falta algo, siempre tengo que cambiarle algo, nunca es "tan" como yo quiero que sea, lamentablemente. De todas formas, estaba bastante conforme con mi casita.
Un día, recolecté un simpático adorno, un tronquito  barnizado, no muy convencida, lo deje un tiempo fuera, en el jardín. Pero pasando el tiempo, decidí meterlo, y lo puse en un lugar casi importante.
Sin yo saberlo, el pedacito de árbol empezó a crecer adentro de la casita, yo lo empecé a limpiar todos los días, y le agregaba hojitas verdes de porcelana, era cada vez más importante, y cada vez crecía más.
A veces, no me ocupaba de los desastres que las tormentas hacían en mi lugar, solamente lo metía debajo de la alfombra, así podía limpiar el tronquito, observarlo, cambiarlo de lugar.
Este importante adorno, ya era demasiado grande. Tan grande era, que había empezado a dañar otros adornos, y ocupar mucho mucho lugar. Entonces decidí sacarlo de la casa. Cuando lo hice, el techo se rompió un poco, pero nada serio.
Ahí decidí arreglar los adornos más importantes, que el tronco con su tamaño dentro de la casita, había roto sin más. Había días que lo odiaba, y no quería que esté dentro, porque me dañaba la casita, pero esa decoración me gustaba tanto, que a veces no me importaba si la casita se rompía un poco, o si los otros adornos perdían en parte su lugar.
Y así, sin darme cuenta, rompía gran parte de mi casita, después cuando intentaba arreglarla, simplemente se rompía más, pero no le daba mucha importancia, total, tenía el adorno que más me gustaba conmigo.
¿Y ahora? ¿Qué hago? Perdí el adorno, y mi casita está en gran parte hecha pedazos, de tantas tormentas, de tanta fragilidad de las paredes que no me molesté en arreglar, de tantos adornos que dejé que se rompieran, de tanta poca importancia que le di a la casita, MI casita.
Varias veces intenté arreglarla, pero ya no identifico cuando la estoy arreglando, y cuando la sigo haciendo pedazos yo misma, es una contradicción tan grande, que a veces elijo dejarla así. Es raro, a veces se reconstruye sola, cuando junto nuevos adornos, o cuando limpio los otros tan importantes que había dejado de lado, pero queda tan frágil, que antes de darme cuenta, está rota otra vez.
En este momento estoy sentada en la alfombra de mi pieza, intentando juntar los pedazos, reconstruirla y todavía no se como hacerlo.....

Resultó ser que esa casita era yo misma.




jueves, 15 de diciembre de 2016

Empujé mis trenes mentalmente

(Acotación; esto no es lo que se espera leer en un Blog, al menos no es lo que yo esperaba que se lea en el mío, pero poniéndome en evidencia el horario, estas conclusiones saltaron a mi mente tan de repente que prácticamente fui obligada por mi subconsciente a publicarlo, espero que a alguien le sirva al menos como ejemplo).





Últimamente, viví demasiados altibajos emocionales, muchas idas y vueltas. Excesivamente. Pasar de  una depresión inmejorable, ver todo negro y que toda felicidad e ilusion se extingan en mí al punto de pensar cosas que ni siquiera valen la pena dentro de mi mente, a estar demasiado feliz y optimista, queriendo mejorar todo el tiempo, siguiendo adelante, respecto a todo lo que me hace mal.

Pero, ¿si eso que justamente me hace mal da un giro rotundo y me empezara a hacer bien? pense hace unos dìas, por una decisión que desafortunadamente no fue mía.
Y vino una felicidad tremenda...  

...pero lamentablemente efímera, ¡y como me equivoqué con el pensamiento anterior! Còmo pude haber pensado semejante atrocidad, que lo único que hizo fue azotarme con una oleada de realidad, dejándome caer en las cosas que no quería ver, contemplando la respectiva situación con la persona en cuestión, que difirió bastante a lo que en mi cabeza resultaba ser más o menos hace bastante mñas del tiempo necesario.
De mi ingenuidad solo sobrevino más depresión, y sentimientos que me hacen mal, muy mal. No muy agradable y  que hizo que me arrepintiera de haber sido tan ingenua y optimista, tan yo.

Y deliberando todo esto en mi cabeza hace un rato pensé, ¡pero que estupidez!, ¿cómo voy a ponerme mal, por una boludez así?, como si fuera tan dramático, como si acá se terminaran mis metas en la vida, ¡Dios mío!

Y mentalmente, en un estado somnioliento, casi inconsciente, empujé mis trenes que me impedían cruzar la vía en mi mente y salí caminando, por supuesto como era mi mente y no el realismo después yo no crucé una vía sino que  al final del camino había un fondo de algún color, o con brillo dorado.   -no es que sea tan superficial, es que sólo el color quedaba mejor para mi subconsciente, y más lo hacía el brillo dorado-.

Y como es que deje que mis sentimientos y emociones sean controlados y dependan de otra persona que no soy yo, ¿en dónde queda mi fortaleza y voluntad así?

Pero decidí que ya no, y que es momento de que me ocupe de mí misma, de superarme y lograr mis metas, de mejorar, al menos en algunos aspectos. No va a ser fácil pero al menos voy a intentarlo,

-Chica de Brillitos Dorados


lunes, 14 de noviembre de 2016

14-11-16(Lo que surge en un momento de locura, entre miles de exámenes, y trabajos para entregar...los quilombos mentales son comparados solo con lo que no se entiende de este disparate que escribí hace media hora, en un arranque de supuesta inspiración, de querer llenar un papel con palabras, queriendo decir algo, sin saber exactamente qué)

Y de la nada, dejó de escuchar a esa molesta voz que no dejaba de decirle que haga lo correcto prácticamente cada minuto de su vida, se levantó de su silla estruendosamente y sin pedir permiso salió de la habitación. Tomó sus únicas pertenencias en ese lugar: una mochila que contenía una campera color mostaza, una agenda casi llena, algo de dinero y su cepillo de dientes, y su celular. Corrió hacia la puerta de salida del lugar con paredes frías, ambiente denso y gente individualista por todos lados, y que tanta tristeza interior le provocaba. Agarró la manija de bronce, y su mano sintió el casi congelamiento de la misma, y tiró con todas sus fuerzas.
Abrió la gran pieza de madera, y sintió correr un aire azulado, con olor a casi libertad.
Empezó a caminar sin rumbo, recorrió las pocas cuadras de lo que no alcanzaba a ser una urbe,  y siguió caminando...caminó tanto que se sentía como veinte minutos, dos horas y cinco días al mismo tiempo, pero no estaba segura....ni siquiera de quien era ella misma.
El sol se estaba escondiendo, pero realmente ya no hacía frío como adentro...ahora había un agradable ambiente de un Noviembre latinoamericano....con mosquitos y arena...mucha arena, y agua salada.
Noviembre latinoamericano....lugar de tantos recuerdos, siguió arrastrando sus viejas zapatillas negras por el pasto, mientras pensaba en él, y en todos los recuerdos que le traía. Esos atardeceres tan únicos, el calor azotando su cuello mientras armaba castillitos, y sentía sobre su cabeza la sonrisa de felicidad de su madre, sentada en la reposera rallada, mientras la observaba hacerlos. ¿Era su madre o eran los recuerdos de alguien más...? Sus tobillos comenzaron a hundirse en el pasto, ¿o era tierra mojada, o el mismo agua salada?..., sentía la fina textura de la arena en sus pequeñas manitas engrudadas de tantos castillitos, y el ardor en la cara del protector solas recién puesto....escuchaba las olas de fondo, casi como si estuviera allí, el agua le había tapado la mitad de las piernas, pero ella seguía caminando...
Sentía el sabor del helado de frutilla que su madre (¿su madre?) le había comprado, y ya había terminado, pero la sensibilidad en los dientes y el sabor seguía....el agua le llegaba a la mitad del tronco.
Ya no hacía castillitos de arena, ahora intentaba enterrarse en la arena, solo como los niños suelen hacer, se sentía como una tarea interminable...el agua le llegaba al cuello, podía hasta sentir el olor al agua salada.
Seguía con su labor empedernida, ayudándose con una palita roja que había encontrado ese día en la playa, las suyas se las había olvidado, cuando de la nada, una gran ola se avecinaba, se sentía la ola más grande de la historia, casi un Tsunami para sus cortos cinco años....
Corrió, pero el agua la enredó en sus partículas, haciéndola recorrer un trecho bajo el agua, sintiendo el agua pasar a sus costaods....ya no estaba segura de que era un recuerdo. Pero estaba segura que estaba bajo el agua, intentando inhalar aire inexistente.
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Se despertó alterada, no sabiendo exactamente que había pasado. Se sentó en su cama, con sábanas color vainilla, tomó el vaso de agua en su mesa de luz y lo acabó de un trago. Miró a su reloj, aún era temprano, había dormido bastante pero su cuerpo seguía cansado del largo día...
decidió levantarse e ir al baño...como estaba oscuro pisó sin querer una de sus viejas zapatillas negras...¡tenía que ponerlas a lavar!, seguían llenas de barro...y agua salada.
Minutos después, cuando volvió del baño, llegó a su habitación y se quiso volver a acostar en su cómoda cama... tenía un par de horas más para dormir.
Ni bien metió los pies, sintió la sábana sucia con algo, pequeñas partículas...¿serán miguillas?...Prendió su velador y comenzó a sacudir la arena que había quedado en la sábana. Antes de acostarse, también se sacudió de sus gemelos la arena...y el barro de sus pies...
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-Chica de Brillitos Dorados

sábado, 5 de noviembre de 2016

No nos dejemos morir lentamente

Decidí publicar este poema, porque cuando lo encontre publicado en algún que otro lado, me hizo recuerdo de justamente esto... que a veces nos olvidamos de vivir con ganas...que es la parte divertida, de la que más recuerdos nos llevamos... 
Tantas cosas me vienen a la cabeza con este poema, tantos momentos vivios, cuando me solte, me deje ser, hice lo que me dio la gana, hice... y fui feliz.





"Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee, quien no escucha música,
quien no halla encanto en si mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del habito, repitiendo todos los días los mismos senderos,
quien no cambia de rutina,
no se arriesga a vestir un nuevo color
o no conversa con desconocidos.

Muere lentamente quien evita una pasión
Y su remolino de emociones,
Aquellas que rescatan el brillo en los ojos
y los corazones decaidos.

Muere lentamente quien no cambia de vida cuando está insatisfecho con su trabajo o su amor,
Quien no arriesga lo seguro por lo incierto
para ir detrás de un sueño,
quien no se permite al menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos…
¡Vive hoy! - ¡Haz hoy!
¡Ariesga hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡No te olvides de ser feliz!"

-Pablo Neruda


No nos dejemos morir lentamente